La pesca artesanal, actividad económica y patrimonial
Con sus más de 6.000 kilómetros de costa, bañada por las aguas frías pero fructíferas del Pacífico, Chile no puede ser ajeno a la presencia del mar. Desde la más temprana Prehistoria, las comunidades se sirvieron del mar para acceder a los múltiples recursos que aseguraban su subsistencia; de la recolección de mariscos y algas adheridos a las rocas en las playas hasta la pesca y cacería de especies más grandes, adentrándose en las aguas para obtener peces y moluscos con sedal, redes o poteras.
Mediante las evidencias materiales encontradas en sitios arqueológicos, especialmente del Norte Grande y debido a sus privilegiadas condiciones de conservación, se observan redes, sedales con anzuelos, pesas de pesca y anzuelos compuestos, así como también registros en arte rupestre y modelos en piedra de embarcaciones que atestiguan que la obtención de estas especies no sólo se realizaba aledaño a la línea de costa sino también mar adentro.
Adornos de uso personal como colgantes de conchas o pequeños contenedores que aprovechaban la forma cóncava de las valvas marinas, explotación prehispánica de salinas, conchales e instrumentos elaborados con conchas son también evidencia indirecta del aprovechamiento de recursos marinos, al igual que los análisis de isótopos estables que permiten reconstruir las dietas del pasado, revelando el consumo de productos marinos aún en sectores de la depresión intermedia y precordillera.
tradicional es viva representante. Observando la composición de conchales y basurales arqueológicos, es posible deducir que la dieta no sólo se enriquece con estos productos sino que muchas veces, heredamos esta tradición culinaria con platos tan emblemáticos como el curanto, mariscos ahumados, charqui de pescado y el infaltable cochayuyo o el luche, que aportan sabor y valiosos nutrientes, a la vez que sirven para consumir en época de invierno por la forma empleada en su conservación.
Durante la Época Colonial, también la explotación de salinas para la extracción de sal de mar, especialmente en la zona central de Chile, fue otro factor significativo del uso de recursos del mar. Actualmente aún se explotan las salinas de Boyeruca y Cahuil, así como también se continúa extrayendo el cochayuyo, el ulte y el luche en Pichilemu, Iloca y otras playas de la Zona Centro-Sur.
De estos datos podemos concluir que la pesca artesanal en Chile, como actividad de sustento y económica, data de tiempos remotos, no obstante desde el período de contacto europeo, podríamos deducir que este oficio se transformó en una actividad de extracción remunerada, que se ha mantenido en el tiempo incorporando conocimientos y herramientas, pero cuya tradición es parte esencial de su existencia.
Se reconocen como pescadores artesanales a quienes se dedican a pescar de forma independiente, tales como personas naturales o personas jurídicas, incorporando en esta definición a algueros, buzos extractores y recolectores de orilla, que trabajan en esta actividad exclusiva ú ocasionalmente, siendo además patrón o tripulante de una embarcación de tamaño pequeño o mediano. En la actualidad, al menos un 43% de la pesca total de Chile es realizada por pescadores artesanales. Sus técnicas siguen siendo, como en el pasado, el sedal, la red y el arpón y las embarcaciones de madera o fibra con motor, evidenciando la dedicación y la especialización de un oficio insustituible, riesgoso y quizás socialmente menos valorado a pesar de su gran importancia en nuestra cultura nacional
En el mes de mayo, el CDBP ha querido destacar esta importante labor económica y tradicional como parte esencial de nuestra identidad chilena.
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