De comida rápida al sabor gourmet: 4 imperdibles de la sanguchería chilena
El concepto de “comida rápida” que en la actualidad asociamos a grandes cadenas que ofrecen productos estandarizados y envasados, en realidad tiene un origen práctico, que radica en servir un bocadillo simple, saciante, muchas veces de bajo costo y que puede comerse en el momento, incluso caminando por la calle o en una breve pausa del trabajo.
Las “comidas rápidas” no sólo están vinculadas con la industrialización del mundo contemporáneo y sus ritmos de vida agilizados, sino que podría remontarse su origen hasta las comidas de viaje, que también están pensadas para ser transportables y nutritivas. En el contexto precolombino, ejemplo de este tipo de viandas es el “cocaví”, una pequeña ración de alimentos transportados por los viajeros y chasquis para soportar largas jornadas de camino llevando una provisión de harina tostada, charqui y hojas de coca.
En contexto occidental, quizás desde la Roma clásica, pasando por el Medioevo y llegando a las travesías transoceánicas, el rey indiscutido de las comidas de viaje es sin lugar a dudas, el pan y todas sus variaciones, desde los bocadillos elaborados con pan en las tabernas romanas, pasando por los pasteles y tartas rellenas de carne en los mercados medievales, hasta la dura galleta de mar que cruzaba el océano junto a los marineros, el tentempié elaborado con harina, con o sin relleno, fácil de transportar y comer, sin necesidad de cubiertos, sino con la mano, dio origen a nuestros actuales y apetecidos sánguches.
Si bien la palabra “sándwich” debe su origen a su creador, John Montagu, IV Conde de Sándwich, un aristócrata inglés del siglo XVII que prefería comer jugando a las cartas, de manera que pedía poner sus alimentos entre dos rebanadas de pan, no obstante la costumbre de envolver en masa diversos rellenos es mucho más antigua, ejemplo de ello son las empanadas del viejo mundo, como la empanada gallega con bacalao, y las empanadas americanas, chilenas, argentinas o bolivianas, con diferentes rellenos, pero que mantienen la característica común: una masa que envuelve proteínas, vegetales y/o queso.
Como indica Zorobabel Rodríguez, en el Santiago del pasado, las empanadas y pequenes eran comida callejera que se distribuía en canastos y locales comerciales, se servía a pie, con el comensal transitando por la ciudad, mientras a cada bocado, el jugoso relleno que rebosaba les dió el apellido de “caldúas”. Hoy las empanadas casi han dejado completamente de ser comida al paso para convertirse en plato estrella de nuestras Fiestas Patrias.
Algo similar ha ocurrido con los “sánguches”, de su venta en locales como las casi desaparecidas fuentes de soda, a convertirse en protagonista de establecimientos especializados en su tipología, haciéndolos cada vez más complejos, con énfasis en la variedad de sus ingredientes y en la elección del consumidor, quien tiene la opción de personalizarlos y adaptarlos a sus gustos y necesidades.
Tres clásicos imprescindibles y un destacado que es más que un sánguche
“Los dos Barros”
El Barros Luco y el Barros Jarpa no sólo tienen un nombre similar sino un origen emparentado. Si bien son inconfundibles por sus ingredientes, el comensal no experimentado o un visitante extranjero en territorio nacional, podría caer en la idea equivocada de que son iguales.
El Barros Luco se prepara con dos rebanadas de pan tostado, a veces grillado, en variedades como: frica, marraqueta, hallulla o pan de molde, en su interior guarda un apetecible relleno de carne de vacuno cortada en finas láminas cocinadas a la plancha con una generosa porción de queso derretido. La carne elegida para esta preparación, suelen ser cortes de asiento o lomo (más jugosa y con mayor contenido de grasa) o bien posta, carne magra y contundente. El queso elegido, hace honor a nuestra producción lechera local, es el mantecoso (que derrite pronto y es muy cremoso) o queso Chanco, que se produce en su denominación de origen, en la Región del Maule, que tiene un sabor más aromático e intenso que el mantecoso.
Su creador, don Ramón Barros Luco, ex presidente de Chile (entre 1910 y 1915), pedía esta singular combinación en la Confitería Torres, su local predilecto, desde ahí ganó popularidad hasta transformarse en uno de los sándwiches más clásicos de la gastronomía nacional.
Ernesto Barros Jarpa era sobrino de Ramón Barros Luco y también aficionado a los sándwiches, con la intención de abaratar costos y simplificar la preparación, cambió la carne de vacuno por jamón, dando origen al “barros jarpa”, que le preparaban en el Club de La Unión de Santiago. Esta mezcla sencilla de abundante jamón y queso, se diferencia del “aliado” porque el queso se sirve derretido y el pan tostado en la plancha o grillado.
“del campo a la mesa”
El Chacarero nos dice con su nombre de dónde viene. Los ingredientes que componen esta preparación son los que crecen en las huertas tradicionales de la Zona Central de Chile, especialmente en la época de verano, cuando son más abundantes.
Entre dos rebanadas de pan (amasado, marraqueta o frica) se disponen lonjas de carne vacuna cocinadas en la plancha, acompañadas con porotos verdes blanqueados, rodajas de tomate y ají verde, también se suele adicionar mayonesa casera, de preferencia.
“más que un sánguche, embajador de la comida rápida chilena en el mundo”
Nuestro Completo, a veces apodado “tocomple” con múltiples variaciones, es un tipo único que nos distingue por su combinación que deja atónitos a los turistas que visitan Chile. Difícil de clasificar como sándwich o como bocadillo, podría categorizarse como hijo del hot dog tan famoso en las calles de Estados Unidos.
Los hot dog suelen componerse de una salchicha tipo vienesa que se sirve dentro de un pan alargado, abierto por uno de los costados de forma longitudinal al que se agrega kétchup o mostaza.
De esa base, salchicha y pan, el completo chileno crece adicionando, su versión más tradicional, “completo a la italiana”, así llamada por los colores verde, rojo y blanco, abundante palta molida con tenedor, tomate picado en cubitos pequeños y mayonesa al gusto.
A medida que pasan los años, se han incorporado al completo muchos ingredientes que van desde el chucrut a las papas hilo y del queso a la carne, hasta llegar a preparaciones contemporáneas tan curiosas como el “papapleto” (papas fritas en lugar de salchicha), el “sopaipleto” (sopaipilla en lugar de pan) y el “sushipleto” (combinación de hand roll de sushi con ingredientes de completo).
Tan arraigado está el completo en nuestra identidad chilena que lo celebramos cada 24 de mayo como Día Nacional del Completo.
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