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Sombreros masculinos de los siglos XIX y XX

«Tradicionalmente cualquier cosa que se lleve sobre la cabeza, tanto si crece de forma natural como si no, es un signo de la mente que hay debajo. Por tanto, el sombrero, como el cabello, expresa ideas y opiniones. Como la cabeza es una de las partes más vulnerables del cuerpo, muchos sombreros tienen también una función protectora, preservando a sus usuarios de los rigores del clima y de la agresión humana. El sombrero de hombre del siglo XIX y principios del XX, que en último extremo derivada del casco medieval, protegía a quien lo llevaba tanto física como psicológicamente».

                                                                                                                                                                                        —Alison Lurie, El lenguaje de la moda, p. 192.

 

Entre las colecciones patrimoniales de los museos adscritos al programa SURDOC, los sombreros destacan por su cantidad y variedad. A los de uso tradicional y confección en Chile, como el sombrero de huaso, la chupalla y los bonetes huicano, maulino y colcahgüino, se suman otros que constituyen tipologías particulares y que tienen un lugar relevante como prendas de uso habitual en el siglo XIX y principios del XX. Estos son: el sombrero de copa, el clac, el sombrero hongo, el canotier y el panamá. En las siguientes líneas, entregamos algunos ejemplos de estos sombreros de época, con los atributos físicos más importantes y notas históricas sobre su origen y uso.
 

sombrero de copa 

Sombrero usado para ceremonias solemnes o en ocasiones que requieren etiqueta, generalmente negro, de ala estrecha, copa alta cilíndrica y aplanada en la parte superior, forrado de felpa de seda, lo que le da un aspecto brillante. Habitualmente se adorna con una cinta que rodea la base. Tras la Revolución Francesa, destronó al sombrero de tres picos e imperó como prenda indispensable de caballero durante todo el siglo XIX y comienzos del XX. El dandy inglés y su homólogo francés, el incroyable, lo popularizaron rápidamente. «El sombrero de copa es un tirano del que jamás podremos librarnos», se leía en la revista española Alrededor del Mundo (1903). Durante ese tiempo el ala y la copa variaron en forma y tamaño y fue adoptado como accesorio del traje de montar femenino. Se le ha llamado también sombrero de copa alta o chistera.

sombrero de copa, imágenes

Imagen 1. La primera estampa de los Caprichos de Goya, de 1799, es un autorretrato del célebre pintor vistiendo un sombrero de copa. Museo del Prado (España). Imágenes 2, 3 y 4. Sombreros de copa de la colección textil y vestuario del Museo Histórico Nacional. Imagen 5. Presidente Arturo Alessandri Palma, intendente Alberto Mackenna Subercaseaux y otras autoridades acompañan al príncipe Humberto de Saboya en una visita al cerro San Cristóbal en 1924. Fotografía del Museo Histórico Nacional.

 

clac, imágenes

clac

Variante del sombrero de copa que, mediante muelles, se podía plegar en sentido vertical con el fin de llevarlo sin molestia o guardarse bajo el asiento en la ópera y el teatro; de ahí su nombre en inglés opera-hat. Apareció en la década de 1830, pero su uso destacó hacia último cuarto del siglo XIX y se empleó en las grandes ciudades europeas junto al sombrero de copa tradicional y sombrero hongo. Se ha llamado también sombrero de muelles, sombrero mecánico o gibus, en honor al francés Antoine Gibus que lo patentó en París. 

 

Imagen 1. Clac desplegado de la colección de sombreros del Museo Histórico Nacional. Imagen 2 y detalle. Grabado de la revista francesa Musée des familles, de diciembre de 1834, que en relación a la sección destacada explica: «Sombrero Gibus, nuevo claqué que baja sin deformarse y se levanta gracias a un mecanismo interno» (pág. 64).

 

sombrero hongo

También llamado bombín, es un sombrero rígido, de ala pequeña y abarquillada, y copa semiesférica o aovada. Fue inventado en 1849 por James Lock, a petición de un propietario rural que quería un sombrero duro que protegiera la cabeza de sus guardabosques. Convivió con el sombrero de copa y canotier, claro está que el uso dependía de la ocasión. El bombín fue un extraordinario nivelador social; los caballeros lo vieron como una alternativa informal y, en cambio, las clases bajas abandonaron la gorra de tela por una prenda más elegante al momento de vestir. Charles Chaplin lo usó como elemento de identidad para su personaje de vagabundo en la película The Kid (1921).

sombrero hongo, imágenes

Imagen 1. Grupo de hombres en Magallanes, vistiendo abrigo y sombreros hongo, ca. 1900. Fotografía del Museo Histórico Nacional. Imagen 2. Retrato de los hermanos Daniel y Carlos Concha Subercaseaux, 1880. Fotografía del Museo Histórico Nacional. Imágenes 3 y 4. Sombreros hongo de la colección textil y vestuario del Museo Histórico Nacional.

 

canotier

Sombrero rígido de paja, de colores claros y algunas veces moteados, de copa baja, ala pequeña y plana, adornado con una cinta y que era el sombrero corriente de los hombres en verano a comienzos del siglo XX. Originalmente fue utilizado para la práctica de deportes ligeros —en Francia era el sombrero de los aficionados al canotage—, pero su uso se extendió y se volvió tan omnipresente como el bombín. Llegó a ser parte de uniformes escolares y prenda de vestir para niños. Después de la Primera Guerra Mundial se abandonó de forma paulatina. 

 

Canotier, imágenes

Imagen 1. Hombre con canotier. Fotografía del Álbum de sucesos de Arica y sus alrededores, ca. 1920, Biblioteca Nacional de Chile. Imagen 2. Baile del Moulin de la Galette, de Pierre Auguste Renoir, 1876, Museo de Orsay (Francia). Entre los brillantes colores, producto de la luz del sol entre la multitud, se observan algunas figuras masculinas vistiendo canotier. Imagen 3. Canotier de la colección de sombreros del Museo Histórico Nacional. Imagen 4. Portada de la revista Zig-Zag, N° 465, de 1914, con un elegante caballero a la izquierda que viste sombrero canotier.

 

Theodore Roosevelt en Panamá

panamá

Bajo el nombre de “sombrero de paja” se conocen una infinidad de sombreros, pero ninguno alcanzó tanta notoriedad como el panamá. Sombrero de verano, flexible, por lo general de un color blanco o crema, con ala recogida o encorvada que, por lo común, se baja levemente sobre los ojos del caballero. Se fabricó con paja muy fina, extraída de la planta Carludovica palmata llamada toquilla o jipijapa, que cuando se trenza presenta un aspecto muy similar al tejido de hilo. A pesar de su nombre no es originario de Panamá sino de Ecuador, que junto con Perú y Colombia fueron los principales fabricantes. Por su materialidad, hay versiones de este sombrero que se pueden enrollar y guardar en el equipaje. Con el tiempo, la paja toquilla fue sustituida por otras fibras. La UNESCO declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad al tejido tradicional del sombrero ecuatoriano de paja toquilla (2012).

 

Imagen. Se dice que el presidente estadounidense Theodore Roosevelt popularizó el panama hat durante una visita al Canal de Panamá, en noviembre de 1906. Fotografía de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos de América.

 

 

Fuentes

  • Amphlett, H. (2003). Hats: A History of Fashion in Headwear, Nueva York: Dover Publications, 327 págs.
  • Beltrán y Rózpide, R. et al. (1896). Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano de Literatura, Ciencias y Artes, tomo XIX, Barcelona: Montaner y Simón Editores, 868 págs.
  • Biosca, F. (dir.) (1966). Gran Enciclopedia del Mundo, vol. XVII, Bilbao: Durvan, 578 págs.
  • Cumming, V. et al. (2010). The Dictionary of Fashion History. Oxford-Nueva York: Berg, 304 págs.
  • Diccionario enciclopédico ilustrado de la lengua española. (1965), vol. IV, Madrid: Editorial Ramón Sopena, X págs.
  • Lurie, A. (1994). El lenguaje de la moda. Barcelona: Ediciones Paidós, 302 págs.
  • Monitor, enciclopedia Salvat para todos. (1964), vol XIV, Pamplona: Salvat, 396 págs.
  • Moliner, M. (2016). Diccionario de uso del español. vol II, Madrid: Gredos, 2831 págs.
  • Roetzel, B. (1999). Gentleman: A Timeless Fashion, Konemann, 360 págs.
  • Steveson, N. J. (2011). Moda. Historia de los diseños y estilos que han marcado época. Barcelona: Lungwer, 288 pág.

 

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