Sabemos que las niñas juegan con muñecas desde la prehistoria, de hecho, excavaciones arqueológicas, dan cuenta de hallazgos de muñecas de marfil, hueso, trapo y arcilla en tumbas infantiles de la antigua Grecia y Roma. La psicología moderna nos explica por qué: alrededor de los tres años, los niños comienzan a imitar de forma natural los roles de cuidado que ven en sus padres, como dar la comida, vestir y acostar a las muñecas. El juego es una de las formas más antiguas de aprender a vivir en sociedad.
Las muñecas de composición (o muñecas de pasta) como la de la imagen, se hacían con una pasta moldeable de aserrín, pegamento, papel o caolín que reemplazó a la frágil muñeca de porcelana porque era de menor costo y resistente a las caídas. Se fabricaron principalmente en Alemania y Estados Unidos, y alcanzaron auge mundial entre 1910 y 1950, antes de la llegada del plástico.
Sin embargo, el juego cambió a partir de 1959 con la llegada de la muñeca Barbie, por primera vez, las niñas no jugaban a ser mamá, sino a proyectarse como mujeres esbeltas, adultas, independientes, y con variadas aspiraciones profesionales.
Hoy te presentamos esta muñeca de loza, que es parte de las colecciones del Museo Histórico Nacional.
Muñeca de loza ID Surdoc 3-42745
Texto: Centro de Documentación de Bienes patrimoniales
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